Editorial de Julio del 2010

20 años de Cactus y Aventuras
Estimados Lectores,
Un domingo, había decidido preparar
zanahorias a la forestal. Cortando las setas en rodajas, me di cuenta que no
exhalaban ningún olor a bosque, la nariz pegada encima, estaban totalmente
inodoros. Entonces me dije? que uno de estos científicos
en alimentos había conseguido sin duda suprimir el olor (y el sabor) a las
setas. ¡ Nos piden - por nuestra salud! - comer frutos
y verduras, pero lleno de buena voluntad, cuando voy al super
- hiper o simplemente mercado, a menudo vuelvo con
las manos vacías, en vez de volver con deliciosas frutas que decorarán mi
frutero antes de ser comidas con placer, veo fresas enormes muy rojas sí, pero
huecas e insípidas, bellos melocotones pero muy duros y acorchados, uvas con
solo azúcar y ningún sabor, mangos o piñas muy verdes que no tuvieron tiempo de
conocer el sol y que se pudrirán sobre nuestra mesa hasta antes de madurar.
¿Habremos perdido el gusto del gusto? Los alimentos se vuelven insípidos e inodoros, en nombre de la globalización, supongo...
Un poco de curiosidad para los olores me hizo volver, aquel domingo, a mi invernadero, para redescubrir y hacer un viaje corto en el país de los olores secretos y de los perfumes de nuestras plantas queridas: Echinocereus palmeri, con flores que huelen a chocolate; E. viridiflorus, el primero de la temporada, tenía un olor a cítrico, tanto como Mammillaria sphaerica, o surculosa. Un viejo Discocactus todavía tenía sus pétalos entreabiertos, dejando tímidamente adivinar el embrigador perfume que había liberado durante esa noche, en busca de un hipotético polinizador. Arthrocereus mirabilis es tan pequeño como su perfume es poderoso. Pero su flor era ya cerrada desde la madrugada.
Crassula muscosa (ex lycopodioides) en flor huele más bien a pipí de gato, y que decir sobre las Stapelias que nos previenen cuando están en flor, no sólo por las hordas de moscas verdes que visitan el invernadero, pero sobre todo por el olor fétido desagradable que sueltan. Podemos estar sorprendidos por el suave perfume de coco que exhala Pleiospilos bolusii, o todavía el agradable olor picante de las flores de Senecio rowleyanus.
Luego, imaginé todos los perfumes que escapan a nuestros sentidos, porque no podemos apreciarlos, un poco como los ultrasonidos, que no oímos. Esto me recuerda el debate de los que afirmaban que Pachypodium lamerei tiene flores perfumadas contra los que lo negaban rotundamente y con aparente razón.
Trabajando entonces en Canary Cactus en medio de dos plantaciones enormes de
centenas de Pachypodium lamerei
para su polinización artificial, cuando se adornaron con flores por primera vez, en las luces del primer sol,
la suma de cada una de las flores de todas las plantas reunidas habían dejado
en el aire, una nube de un discreto pero innegable perfume. Cuando los primeros
folículos aparecieron, yo pude ver las cosas como eran en realidad: una pequeña
mariposa nocturna con la trompa bastante larga para efectuar la fecundación
había trabajado para mí: había percibido el perfume sutil de las flores y la
atracción había hecho el resto. La felicidad del naturalista se basa en tales
observaciones.
Les
deseo un verano lleno de buenos olores y perfumados placeres.
Joël Lodé